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UNA ESPONTÁNEA/ Honradez

Escrito por VIANELA BLANCO / vinelamedina26@gmail.com.

“Cada vez que me adentro en el tema de los valores me aterro al darme cuenta de su enorme carencia en medio nuestro. En esta entrega les trataré sobre la honradez, sinónimo de honestidad, la cual se basa en la valoración de la verdad. Este valor es fundamental para cualquier nación y su ausencia genera desconfianza y descomposición social, flagelos que estamos sufriendo actualmente.

En muchas circunstancias no resulta fácil ser honrado, pero más difícil es ir por la vida acarreando las consecuencias de su falta. Es común ver como los políticos usan sus cargos para sus propios beneficios usufructuando bienes y servicios a los que no tienen derecho, distraen los fondos con tal naturalidad como si se tratara de su propio patrimonio sin enfrentar castigo alguno por esto. Aunque es más llamativo el caso de funcionarios públicos deshonrados también podemos encontrar este tipo de comportamiento en las demás esferas sociales.

A propósito del 203 aniversario del fundador de nuestra nación, un ejemplo vivo de honradez fue el que dio el patricio Juan Pablo Duarte, a quien en una ocasión le fueron asignados fondos económicos en su condición de general que dirigía un campamento militar, los cuales fueron manejados con tal honestidad y transparencia que al final fue devuelto el excedente. Bien sabía Duarte que sus connacionales no le pedirían rendir cuentas sobre el manejo de dichos recursos por lo que podía manejarlos a su antojo, pero era un dominicano de principios morales innegociables. ¡¡ Eso es honradez!! ¿Seríamos capaces los demás dominicanos de imitar tan loable ejemplo?

Y el ejemplo de honradez más digno de imitar lo constituye Jesús quien en todo momento exhibió su honestidad aún a riesgo de su propia vida: lo hizo en el Monte de los Olivos cuando la horda que se dirigía a apresarlo preguntó quién era Jesús, a lo que, aún a sabiendas de los propósitos con que era buscado, él contesto: “Yo soy”, sellando así su destino a la cruz. ¿Nos atreveremos nosotros a clamar ese “yo soy honrado” aunque con ello resulten perjudicados nuestros intereses? ¡Ese es el reto!