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ENMIENDAS DEL HOMBRE / Que no se te suban los humos

Escrito por ÁNGEL LEONARDO ROJAS PERALTA / ingangelrojas@hotmail.com.

Uno de los riesgos más destructivos del éxito es obtenerlo repentinamente. La mayoría nos desgastamos tratando de conseguir calidad de vida, buscando estabilidad económica, relevancia social y reconocimiento. Sin embargo, muy pocos están preparados para que todo esto se haga realidad, menos aún para entender la enorme responsabilidad de administrar por encima de las simples necesidades.

Cuando nos llegan las bonanzas, los gustos y preferencias se transforman sin darnos cuenta, a veces al extremo de jamás lograr disfrutar la tranquilidad de las limitaciones resueltas. Tras cada logro parece que aumentamos peldaños a nuestra escala de valores para lograr la felicidad, y en esa misma medida crece nuestro ego y prepotencia, sintiéndonos más importantes que los demás.

Con el tiempo he podido palpar las desproporciones y excentricidades de los que alcanzan el éxito tras una vida en ruinas y carencias. Al parecer, algo los mueve a una especie de desquite o desahogo de resentimientos, muestras absurdas de derroches y exageraciones.

Resulta delicado el no estar preparados para administrar recursos e influencias sociales. Usualmente, en este contexto, todas las acciones parecen estar dirigidas por el marketing, por una sociedad que pretende solo valorarnos por el dinero, el poder, la imagen y con quienes nos relacionamos. Nuestro marco de referencia se transforma de acuerdo a con quienes nos comparamos, y la satisfacción personal se hace imposible al no llegar a entender que existirán siempre personas más exitosas, ya que “la otra orilla del rio siempre nos parecerá más hermosa”.

El éxito es solo el inicio de una oportunidad para ejercer la felicidad en términos del servicio y la utilidad que damos a nuestros resultados, para apoyar e incentivar el desarrollo de los demás. No es el chance para deleitarnos con nuestras ventajas y humillar a los que no han alcanzado salir de sus limitaciones y miserias.

Aunque en esto no tengo experiencia, entiendo por otros que tras el éxito lo esencial es ser agradecidos de Dios, de la familia, y de los que trabajaron a tu lado para lograrlo. Con el éxito, seamos modelos inspiradores con nuestra historia en el camino hacia los resultados positivos, actuando con sencillez, buen juicio y prudencia.