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ENMIENDAS DEL HOMBRE / Pon las manos

Escrito por ÁNGEL LEONARDO ROJAS PERALTA / ingangelrojas@hotmail.com.

Me sonrío, casi me burlo, cuando soy increpado por algunos para que no sude. Como ingeniero, trabajo en la ejecución de proyectos, ya por los años transcurridos usualmente encargado de obra. Suelo sorprender a muchos cuando tomo un martillo en las manos, cuando ayudo a un obrero a levantar algo pesado, cuando subo a los andamios y al involucrarme en la ejecución de los procesos constructivos.

Entiendo perfectamente que mi responsabilidad es el control de los procesos, la fiscalización técnica de las labores, la observación de los gastos, la impulsión de las tareas para el cumplimiento de plazos; sin embargo, cada día también muestro con mis manos la forma de hacer las cosas. No lo hago para lucirme, sino porque amo mi oficio en todas sus dimensiones.

Al poner las manos me siento formar parte intrínseca de lo realizado, me llena de una energía extraordinaria sentirme capaz de entregar un poco de esfuerzo físico, me enorgullece saber que mis manos no poseen una fragilidad inútil para el hacer.

En mi hogar no se hace necesario llamar un técnico para poner un clavo, componer algo defectuoso o reponer alguna pieza dañada, salvo cuando se requiere algún grado de especialidad técnica. Con ello, sumo puntos en la confianza de mi mujer, al tiempo que puedo enseñar a mis hijos el valor de no mantenerse con los brazos cruzados y aprender a solucionar cosas también con labor.

Muchos son los que entienden que su estatus o profesión no está al nivel de sudar un poco, salvo en el gimnasio o en alguna actividad de ocio, se  sienten degradados con los trabajos manuales, entienden que esas son cosas de subordinados y servidumbre. Yo he aprendido todo lo contrario con el tiempo.  No es posible saber los cambios que envolverán nuestro destino, si en alguna ocasión hará falta desenvolvernos con nuestras propias manos por alguna emergencia o situación permanente. Ahí el aprender a sudar se hace valiosísimo.  Por igual, brindar herramientas de desempeño a nuestros hijos es un legado que les evitaría muchas lágrimas desafortunadas.

Y por los demás, jamás vi algo tan efectivo como el ejemplo. La adhesión al compromiso de los supervisados es mucho mayor cuando entienden que uno es capaz, que uno también puede ensuciarse las manos junto a ellos.