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ENMIENDAS DEL HOMBRE / Descubriendo la felicidad

Escrito por ÁNGEL LEONARDO ROJAS PERALTA / ingangelrojas@hotmail.com.

La mayoría de nosotros somos engañados por un mercado que nos ofrece a la venta la felicidad, un bienestar en función de cosas adquiribles con dinero. Así muchos nos empeñamos, a como dé lugar,  en convertirnos en ricos, pero en este proceso  nos arriesgamos a ser depravados e insensibles.

El otro extremo de los que buscan la felicidad está en manos de los que se buscan así mismos, dueños de filosofías que indican los parámetros de una felicidad interna a través del control del “Yo”, terminando por convertirse más bien en seres engreídos, dueños de una “verdad absoluta” que los hace ver a los demás como ignorantes desprovistos de un estado pleno de la conciencia, los gurús socarrones del egoísmo.

En  nuestro mundo de hoy se ofrece la felicidad en línea, en vallas, publicaciones y modas, existen escritos de autoayuda, cursos y entrenamientos especializados, terapias e intervenciones. Nos aseguran que el éxito en los negocios, en lo profesional, en los deportes, en el espectáculo, sería la garantía de una vida plena donde las sonrisas serán permanentes.

Sin embargo, he descubierto que nos pretenden convencer de unos parámetros ajenos, que nos empoderemos de ciertas filosofías de vida en las que nunca logramos encajar, en la que sobrevivimos a la fuerza, por puro esfuerzo. Nos hablan de un amor construido que realmente no existe, por tanto, parece imposible ser feliz.

En mi propia experiencia, he descubierto la felicidad como una sombra que me ha seguido siempre, que no lograba ver al permitir que se segara mi luz interior, cuando no he permitido que brille en mí el albor de otros. No pude distinguir ese eco sinfónico de gracia de permitirme pertenecer en vez de creer hacerme dueño de todo en mi entorno.

La felicidad es un sublime estado del alma que permite brindar nuestros dones, capacidades propias, individualidades que nos caracterizan, por las que no es necesario convertirse en alguien más, mucho menos imitar acciones que no sentimos. Plenitud grandiosa aun en las limitaciones cotidianas, problemas, enfermedad o desgracia. Asentir en las posibilidades de los demás como en las  nuestras, la conciencia de que nuestra creída exclusividad es irracional.