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Lo ocurrido a Delcy aterra a la sociedad

Escrito por ROSSANNA FIGUEROA / rfigueroa@editorabavaro.com.

Desde que se dio a conocer la trágica noticia de la muerte de la señora Delcy Miguelina Yapor Concepción, de 55 años de edad, a causa de heridas de bala de manos de un ex raso que le disparó por accidente, cuando intentaba detener a dos desaprensivos que habían cometido un atraco en el sector Evaristo Morales de la capital, mi alma se revolvió.

No creo haberla conocido, pese a mis vínculos con la parroquia Buen Pastor, de la que digo soy hija, pues fue la comunidad que me acogió para hoy ser miembro de la Hermandad de Emaús.

Sin embargo, el mero hecho de lo ocurrido, me llena de dolor y de indignación, ya que es el reflejo de la descomposición social que tenemos en la sociedad y en donde la vida de una persona ha pasado a menos que valer nada.

Me duele la muerte de Delcy, no por ser una católica entregada a sus oficios en Buen Pastor, lo que tiene sus méritos, sino, porque las circunstancias en la que le arrebataron la vida indica que era una mujer de bien, de trabajo, entregada a su familia y a sus quehaceres a favor de los demás, desde la parroquia a la que pertenecía.

Es un crimen más, que por haber llamado la atención pública será resuelto de inmediato, pero ella estará por siempre ausente de su familia y su comunidad.

Esa es la realidad a la que estamos expuestos todos los hombres y mujeres que salimos cada día a cumplir con nuestras funciones en las calles, que un desaprensivo nos sesgue la vida y que todo siga transcurriendo con normalidad: el rastro de luto y de dolor queda sólo en los familiares cercanos.

El país enfrenta un ambiente que debe llamar a preocupación a las autoridades, pues en las principales ciudades, como es el caso de Santo Domingo y Santiago, cada día se reportan decenas de hechos vandálicos, muchos de los cuales culminan con la vida de personas de bien.

Si bien las autoridades se enfocarán en resolver este lamentable caso, las acciones no deberían quedar ahí, sino, más bien, articular realmente políticas públicas que se traduzcan en mayor niveles de seguridad para la ciudadanía.