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CULTURA Y SOCIEDAD / Soliloquio y espejismos

Escrito por ADOLFO DULUC / adolfoduluc@gmail.com.

Ella es admirable. Su admiración se torna como en esas personas a las que nos detenemos a pensarlas cada instante y a las que en el transcurrir de la vida nos sorprenden de forma repentina, robándose nuestra atención y desenfocando nuestro blanco, mientras nos dirigimos al ocaso. Así de simple, va escalando sigilosamente cada neurona y, de manera inadvertida, lo ocupa todo.

Si hemos de cuestionarnos, no se sabe cuándo llegan ni cuándo se van. Solo aparecen de la nada como si nunca hubiesen existido y nos rasguean el alma. Su procedencia resulta desconocida; su destino, incierto. Nadie nos contó sus historias ni de sus momentos libidos. Sabemos más de la nada que de ella. Al menos, la nada es un punto en cuestión dentro del todo y del absoluto. Ella, una constelación sobre una dermis mórbida y nívea.

Al tiempo que se intenta conocerla, la alucinación se va intensificando cuando la refulgencia de sus incontables hebras, que penden un poco más abajo de las costillas flotantes, doblega las miradas de los curiosos, haciendo intermitencia al compás del viento. Del mismo modo, su mirada es como el prado caribeño, un poco más agudo que el verde oceánico. Un poco más de amarillo sobre azul o de azul sobre amarillo, al final, esa mezcla, el resultado es el mismo.

¿Será la casualidad del destino? Porque, ¿quién pensaría que en algún lugar extremadamente recóndito, de donde ha emergido y ha desarrollado el ciclo de la vida, haya salido alguien con tales cualidades? Parece que el Olimpo festeja y nos ha regalado una ninfa. Es un absurdo: en este pedazo de país no existen esas idioteces antiquísimas; las divinidades no nos regalan nada, hay que conseguirlas como dé lugar, al menos que el Dios de Abraham nos lo conceda según su santa y bendita voluntad, que es agradable y perfecta.

A pesar de ello, ir tras una aventura resultaría escuchar el canto de las sirenas o mirar atrás como la esposa de Lot. Ya el crepúsculo está cerca. El sol apenas ríe y la luna canta; las estrellas festejan.