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COMO LA VIDA MISMA / El dinero y su utilidad

Escrito por REDACCIÓN BÁVARONEWS.

Para una docente de clase media, la vida económica nunca ha sido fácil ni en Venezuela ni aquí. Al llegar las vacaciones escolares, la mayoría de los planteles nos liquidan y nos vuelven a contratar al empezar las clases, nuevamente. Esto supone mes y medio sin el ingreso habitual. Mi hija mayor estaba ya en edad escolar y tenía yo que dotarla de útiles, uniforme y calzado, con muy pocos pesos en el bolsillo. Mi amigo Oscar, al saberlo, me depositó para poder dotar a mi pequeña de lo que necesitaba. Le dije que se lo pagaría apenas me repusiera. Y, cuando ya estuve facturando en azul, le pedí su número de cuenta para devolvérselo. Nunca me lo dio. Sólo me dijo: “la beba pudo ir al colegio y eso me hizo feliz”. Y así, pasaron días, meses y años. Por más que le pedía la cuenta a Oscar para devolverle lo que me había prestado, jamás me dio el número y siempre sostenía: “tranquila, lo importante es que la hija del tigre esté bien”.

En realidad, Oscar fue primero amigo del padre de mis muchachas, a quien cariñosamente llamaba “el hijo del tigre”, pues los unía la pasión por un arte marcial milenario japonés: el karate do.

Mis hijas se hicieron karatecas las dos y a cuanta competencia iban, el tío Oscar acudía a verlas, aplaudirlas y animarlas. Emigramos a este país, en busca de mejores oportunidades. Y nunca dejamos de estar en contacto, pese a nuestra dolorosa ruptura familiar. Mi hija mayor se hizo toda una mujer. La menor aún estudia en el liceo y tiene el mundo por delante. Ambas dejaron el karate y se dedican ahora a la práctica de artes marciales mixtas. El tío Oscar les sigue la pista por las redes sociales.

Hace un poco más de un año, la madre de Oscar dejó este plano terrenal. La situación precaria en Venezuela pone trabas inmensas hasta para que la gente pueda velar y enterrar a sus seres queridos con serenidad. Resulta que al venir a estas tierras, Oscar quedó recibiendo en su cuenta un dinero correspondiente al alquiler de nuestra vivienda familiar. ¡Vaya, vaya! Algo de desahogo tuvo el tío Oscar para poder despedir dignamente a su mamita, pues al dinero hay que darle su debida utilidad, siempre.