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Brígida Reyes de la Cruz

Escrito por Génesis Pache gpache@editorabavaro.com.

“No hay mejor herencia para los hijos, que los estudios y que sean útiles para la sociedad”

“Yo me llevo de mis hijos y ellos se llevan de mí. Ellos no me han avergonzado nunca, siempre han sido unos hijos muy honestos y trabajadores”, Brígida Reyes de la Cruz.

Bávaro. El próximo domingo 29 de mayo se celebra en República Dominicana el Día de las Madres, una ocasión dedicada a ese ser que sirve como canal para dar vida a la humanidad. La faceta de ser madre es una de las etapas más importantes en la vida de la mujer. Hay mujeres que deciden ser madres a grandes escalas, llegando a procrear cierta cantidad de hijos.

Este es el caso de una de las primeras mujeres en llegar a esta zona turística de Verón-Punta Cana, Brígida Reyes de la Cruz, quien se mudó en años 70’ a esta demarcación, junto a su esposo, Domingo de la Cruz.

Brígida Reyes crió cuatro hijos de su ya fallecido esposo, y procreó junto a él diez hijos. Esta mujer define el ser madre como un rol grande, que se debe desempeñar no importando las circunstancias. “Hay muchas que no aguantan los hijos; algunas los dan, pero yo empecé a tener hijos y a trabajar durante muchos años”, señaló.

Los hijos de Reyes se llevan uno y dos años de diferencia; son cuatro hembras y diez varones. De sus catorce hijos, solo les quedan doce, debido a que dos fallecieron hace cierto tiempo.

Hoy, esta madre recuerda a sus hijos ausentes entre lágrimas, y su voz se quiebra al mencionarlos. Todos los días llegan a su memoria los mementos que junto a ellos vivió. “Yo sufro mucho, pero con Dios se pasan las pruebas, porque yo le sirvo a Dios”, expresó doña Brígida.

Ella está convencida de que es Dios quien le trae la paz y el consuelo que necesita, para subsanar las heridas que ha provocado en ella la partida de este mundo de dos de sus hijos. Su confianza la tiene puesta en el Creador.

PRINCIPIOS

Cuando esta mujer llegó a esta localidad, junto a su esposo, no existía ni el más mínimo indicio del desarrollo que hoy existe en Verón-Punta Cana. Recordó que eran muy pobres, y vivían de la producción y venta de carbón. “Pasábamos muchas necesidades, pero seguimos. Siempre dábamos para la obra; predicábamos y Dios nos ha aumentado los bienes”, agregó.

Todos los hijos de Brígida Reyes viven en esta zona y se mantienen al cuidado de ella, principalmente después de la muerte de su compañero de vida. Describió a toda su familia como muy organizada, ya que señaló que su esposo dejó sus bienes correctamente repartidos entre sus herederos.

“Yo me llevo de mis hijos y ellos se llevan de mí. Ellos no me han avergonzado nunca; siempre han sido unos hijos muy honestos y trabajadores”, dijo. Los hijos de Brígida Reyes se dedican algunos al comercio, y otros a la administración de las propiedades que heredaron.

SER MADRE

Con una sonrisa en el rostro, esta señora recordó aquel momento en que se sentía con algunos malestares en el estómago, producto de su primer embarazo que empezaba a gestarse. Para ella, aquel tiempo fue una completa bendición.

“La palabra madre es el cuidado de sus hijos, su casa y su marido”, dijo. Brígida entiende que quizás no sea la mejor madre, pero confiesa que ha tratado de hacer lo mejor posible. Ha cuidado de sus hijos y los ha provisto de lo necesario. “No hay mejor herencia que uno pueda dejarle a sus hijos, que estudien y que sean útiles para la sociedad”, aseguró.

Ser madre de tantos hijos ha sido una labor difícil para esta mujer. Darles educación a sus proles mientras trabajaba para su sustento, fue la parte más complicada para ella, pero pese a todo salió triunfante. En estos momentos vive una faceta diferente en su vida: ser abuela. Brígida Reyes tiene 46 nietos. Recientemente, acaba de nacerle uno más, de su hija menor, Débora de la Cruz. “Uno quiere a los nietos casi igual que a los hijos; casi no hay diferencia, porque uno está al cuidado de todo”, indicó.

Brígida Reyes de la Cruz junto a tres de sus catorce hijos

HISTORIA

Fue justamente en septiembre del 1971, cuando Brígida Reyes llegó a morar en esta zona. En todo el tiempo que lleva viviendo en esta zona del país, ha visto crecer esta localidad y la edificación de las más importantes cadenas hoteleras.

Vio también cómo se fueron construyendo nuevas casas y carreteras, que “poco a poco” fueron poblando y llenando de vida a lo que muchos conocen mundialmente como Punta Cana, una zona que no pocos asumen como paradisiaca.

Sus ojos han visto prosperar esta demarcación. Recuerda que “había muchos mosquitos, montes y piedras. Ahora yo medito y cuando voy por la Autovía del Coral me quedo mirando y recuerdo cuando andábamos en burros”.

Narró que en aquella época las personas se iban a pie, sacaban el carbón y tenían que esperar a los camiones en la playa para poder cargarlos. Todo era complicado y para viajar tardaban mucho tiempo.

“Yo hacía carbón, lo recogía y repasaba los conucos. A los muchos años, dejé de trabajar y solo atendía a las personas que trabajaban junto a Domingo (esposo)”, contó. Su vida en aquella época consistía en levantarse, hacer desayuno para sus hijos, ir a buscar agua y después cocinar. Todos esos trabajos los compartía con su rol de madre, debido a que nunca dejó de atender y preocuparse por ellos.

“Yo crie mis hijos que me obedecían. Cuando uno empieza a darle instrucciones temprano, desde pequeños, después de grande no dan brega. Mis hijos más grandes atendían a los más pequeños”, manifestó. A las madres de este tiempo les recomienda que no hay nada imposible, que uno tiene que trabajar y ayudar al padre de sus hijos; atender su casa y sus hijos. Refirió que cuando los hijos crecen, ven el ejemplo de sus padres.

Aconseja a las madres jóvenes que lo mejor es cuidar a sus hijos, porque después se ven los jóvenes y niños abandonados, mendigando. “Lamentablemente, en este mundo hay niños que nacen y no les toca estar al cuidado de sus madres y padres, y es muy diferente a los que sí”, dijo.