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Domésticas trabajan largas y forzadas jornadas, pero todavía tratadas fuera del marco de la ley

Escrito por Génesis Pache gpache@editorabavaro.com.

Las trabajadoras domésticas tienen derecho a que su empleador les conceda los permisos necesarios para asistir a una escuela, al médico o a un centro de salud.

Verón. Daniela se levanta todos los días a las 6:00 de la mañana para realizar los quehaceres domésticos en su casa y dejar todo listo previo a salir a trabajar en una casa de familia, en uno de los proyectos residenciales de este Distrito Turístico Verón-Punta Cana.

Los hijos de Daniela (nombre ficticio) ya son adultos, por lo que no debe ocuparse de ellos tanto como si fueran niños. Uno de sus hijos también trabaja y viven juntos. Todas las mañanas, esta empleada doméstica se levanta, cuela café, limpia la casa, lava su ropa y prepara todo cuanto le sea posible.

Su hijo la lleva al trabajo, puesto que le queda cerca del suyo. Algunos días, ella debe estar en su empleo a las 7:00 de la mañana; sale a las 4:00 de la tarde. Los días que entra a las 12:00 del mediodía, entonces culmina su jornada a las 9:00 de la noche.

Las empleadas domésticas trabajan con dos modalidades, algunas duermen en su lugar de oficio y otras regresan todos los días a su casa. En el caso de Daniela, ella no trabaja con “dormida”.

Esta mujer soltera dice que se siente cómoda en su labor, pese a que confiesa que su salario no es muy significativo, pues según dice sus patrones no son personas pudientes, sino empleados igual que ella.

Daniela recibe 7,000 pesos quincenales, ya que su salario mensual es de 14,000 pesos. Sus responsabilidades en su trabajo son, ocuparse de la limpieza completa de la casa, cuidar a tres niños, cocinar, planchar y demás quehaceres domésticos.

Ella trabaja de lunes a domingo. Tiene tres días libres, cada once días.

Su lugar de residencia es en Verón, por lo que debe costearse la forma de llegar a su puesto de labores, pero manifiesta que sus jefes la ayudan con el pasaje.

“Uno trabaja por algo y mientras Dios quiera uno está ahí; mientras se pueda conseguir algo con lo que uno pueda prosperar, pues se va trabajando con una meta y un propósito en la vida”, reflexionó Daniela.

A esta empleada doméstica, al igual que a muchas de las mujeres que ejercen este oficio, sus patrones no le pagan un seguro médico ni cotizan ante la Tesorería de la Seguridad Social (TSS), porque ellas no están registradas como empleadas formales.

Por esta razón, esta señora debe pagar los altos costos por los servicios de la salud que ofrecen las clínicas y hospitales de este país. Ella ya cumplió los 42 años de edad y de su trabajo sólo depende ella y su madre.

El salario número trece o doble sueldo que reciben en diciembre los empleados, muchas de las domesticas no pueden disfrutarlo. El caso de Daniela es diferente, porque a ella sí se lo pagan, ya lleva cuatro años trabajando con estas personas.

“Esto de trabajar como empleada doméstica, bueno esto es duro; esta es una experiencia fuerte, pero es hasta que Dios quiera. No es fácil; es duro; eso de dejar tu familia, tu casa, todo, tu esposo, no es nada fácil”, indica.

CÓDIGO DE TRABAJO DOMINICANO

El trabajo de los domésticos no se sujeta a ningún horario.El Código de Trabajo Dominicano dedica todo el Título IV del Libro Cuarto a este tipo de oficio. Define a los trabajadores domésticos como los que se dedican de modo exclusivo y en forma habitual y continúa a labores de cocina, aseo, asistencia y demás, propias de un hogar o de otro sitio de residencia o habitación particular, que no importen lucro o negocio para el empleador o sus parientes.

En el artículo 260 se establece que como parte de la retribución a los empleados domésticos, además de los pagos en dinero está el alojamiento y alimentos de calidad corriente. Esto último le equivale al cincuenta por ciento del salario que reciba en numerario (doble sueldo o salario 13).

Pero en cambio, el artículo 263 dice que los trabajadores domésticos tienen derecho a dos semanas de vacaciones remuneradas, cada vez que cumplan un año de servicio, así como al salario previsto en el primer párrafo del artículo 219 del Código.

El artículo 219 señala que el empleador está obligado a pagar al trabajador en el mes de diciembre el salario de Navidad, consistente en la duodécima parte del salario ordinario devengado por el trabajador en el año calendario, sin perjuicio de los usos y prácticas de la empresa, lo pactado en el convenio colectivo o el derecho del empleador de otorgar por concepto de éste una suma mayor.

Estos dos artículos causan que haya contradicciones y discusiones al respecto, puesto que se establece por un lado el salario de Navidad y por el otro se menciona que el alojamiento y la alimentación de los y las empleadas domésticas les equivalen a la mitad de ese salario 13.

CONDICIONES DE TRABAJO

El artículo 261 del Código de Trabajo precisa que el trabajo de los domésticos no se sujeta a ningún horario; pero éstos deben gozar, entre dos jornadas, de un reposo ininterrumpido de nueve horas, por lo menos.

Por las distancias a las que están en muchas ocasiones de su casa no pueden disfrutar de los que establece el artículo 262 sobre el descanso semanal establecido en el artículo 163.

Según el artículo 264 estas trabajadoras tienen derecho a que su empleador le conceda los permisos necesarios para asistir a una escuela, al médico o a un centro de salud, en caso de enfermedad, siempre y cuando sea compatible con su jornada de trabajo o en los días acordados con el empleador.

Por último, el apartado 265 dice que si el doméstico contrae una enfermedad por contagio directo de uno de los miembros de la familia a la cual presta servicios, tiene derecho a gozar de su salario íntegro hasta su completo restablecimiento.

EXPERIENCIA

Juliana (nombre ficticio), a diferencia de Daniela, sí trabaja con “dormida” en la casa de familia a la que presta servicios. Tiene tres hijos, uno de 16 años, una niña de 10 y otros de 6 años. Trabaja en un residencial de esta zona.

Juliana vive en La Otra Banda y cada once días puede regresar a su casa en su tiempo libre. Hace poco que comenzó a trabajar, pero ya lleva muchos años desempeñándose como empleada doméstica.

Sólo en uno de sus empleos le pagaron seguro médico, pero en el que está aún no le han ofrecido esta facilidad. A Juliana le pagan 6,000 pesos quincenales, por lo que mensualmente devenga 12 mil pesos.

Ella debe encargarse de los quehaceres de la casa y del cuidado de dos niños, y uno de ellos es una niña pequeña de apenas algunos meses. La jefa de Juliana también es empleada, por lo que debe cumplir con un horario, pero una vez llega a la casa se encarga del cuidado de sus hijos.

A la trajajadora le dieron su propia habitación, pero no le han ofrecido facilidades para el pasaje de viajar a su casa los días de descanso. De ella dependen sus hijos, pese a que el padre de dos