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Once comunidades son atendidas en la UNAP de sección El Salado

Escrito por Génesis Pache gpache@editorabavaro.com.

En la UNAP de El Salado se atienden diariamente unos 30 a 40 pacientes y mensualmente reciben de 350 a 390 pacientes

El Salado. Desde tempranas horas de la mañana empiezan a llegar los pacientes hasta el patio de la Unidad de Atención Primaria (UNAP) de El Salado. Cada uno con diferentes afecciones, pero todos en búsqueda de solución a sus dolencias, si acaso la encuentran en ese precario centro de salud.

Y es que las comunidades de La Ceiba, El Salado, Macao, El Cajuil, El Guiri Gui, El Higo, Los Hoyos, Uvero Alto, El Espino, Cañada Honda y El Caño, sólo cuentan con esta clínica rural para recibir atenciones médicas, por lo que hasta allí llegan decenas de pacientes, de lunes a viernes.

Una vez dentro de la sala de espera, el llanto de los niños inunda el lugar, mientras una señora mayor tose por un posible resfriado. Cada vez que uno de los pacientes llega, identifica su turno y se inscribe en una hoja que circula de mano en mano.

Como ocurre en muchos de los centros de salud públicos del país, la mayoría de los pacientes son extranjeros, principalmente de origen haitiano. En la UNAP de El Salado se atienden niños, jóvenes, adultos y ancianos.

Al no haber ningún otro centro de salud en esa comunidad, es comprensible que hasta allí lleguen todos los casos. Al cruzar la puerta de entrada se observa una fila de por lo menos cinco sillas negras, detrás de un pequeño banco pintado de blanco, sin respaldo para la espalda, por lo que está colocado muy cerca de la pared.

Hacen también juego dos sillones de mimbre, que se colocan delate de las entradas de los consultorios. Estas facilidades sólo le permiten sentase a unos 15 pacientes; no más. Los demás deben permanecer en pies hasta ser atendidos.

Como ya es verano, el calor abrumador abraza a los que esperan su turno. No hay un sólo abanico en toda la sala. Lo mismo ocurre con los consultorios. Las gruesas cortinas de color azul jean, provenientes probablemente de un hotel, atrapan el aire de las ventanas e impiden que este entre a la sala.

Parte del mobiliario con que cuenta esta UNAP es producto de donaciones de hoteles, ranchos y empresas de la zona. La Clínica Rural de El Salado cuenta con dos consultorios, y el personal está compuesto por una doctora encargada, un doctor como pasante, una técnica de salud y una enfermera. Esta última es la encargada de recibir los pacientes y asiste a los doctores.

Muchos de los pacientes ya se conocen entre sí, porque son de la misma comunidad e intercambian pareceres y se informan de las razones por las que están ahí.

Los gritos de los niños no paran de sonar en toda la UNAP y esto se debe a las vacunas que les colocan. A los gritos incesantes se le suma el calor, lo que convierte el lugar y la espera en una larga agonía.

Por todas las paredes hay anuncios informativos sobre prevención y cuidado. Estos forman parte de campañas del Ministerio de Salud Pública.

En esta UNAP solo hay tres consultorios para recibir los pacientes

PACIENTES

Lila Caraballo, una de las pacientes de mayor edad que asiste a la UNAP de El Salado, señala que nunca hay medicinas para ella llevar. Dice que siempre tiene que ir a la farmacia a comprarla. Esta señora es de un barrio llamado Realengo, de La Ceiba.

Otra paciente, Rosa Ermira, explica que principalmente siente que en la UNAP hace falta un psicólogo, alguien que evalúe a los niños de esa comunidad. Expresa que en muchas ocasiones las escuelas exigen evaluaciones psicológicas, y los padres no tienen dónde realizárselas.

Rosa Ermira asegura que en una ocasión le dijeron que traerían una, pero que no tenían el espacio suficiente para hacerle un consultorio. Esta paciente dice que hay algunas áreas de la UNAP que están vacías, y que bien pudieran funcionar para que la psicóloga trabaje con los niños.

Según van transcurriendo las horas los pacientes van comentando las carencias que sufre el centro de salud. La UNAP tiene un gran problema, y este se da cuando llueve. Esta clínica rural está ubicada en una parte cercana a un rio y una laguna, por lo que se inunda con facilidad, porque las aguas alcanzan un alto nivel y afecta todos los utensilios con que se trabaja allí.

La construcción de la Clínica Rural de El Salado está por debajo del nivel de la carretera, y esto forma parte de los motivos por los cuales se inunda con mayor rapidez.

En medio de la espera, el médico pasante brindó una charla sobre el cuidado íntimo de la mujer, para así evitar la vaginitis (una inflamación o infección de la vagina). Les recomendó a las presentes la correcta higienización de esa área en cuestión, como principal método para evitar sufrir esta infección.

PERSONAL

Durante la espera, el doctor pasante, les da una charla a los presentes

Adriana Rodríguez, técnica de salud de la UNAP de El Salado, es la que se encarga de los programas de vacunación y planificación. En este centro de salud se colocan vacuna para todas las edades, excepto la primera que se les debe poner a los infantes acabados de nacer.

Rodríguez señala que mensualmente se ponen de 75 a 85 vacunas. Los números varían dependiendo de los meses. En ocasiones, muchos de los pacientes se van de la localidad y les colocan las vacunas a sus hijos en otros centros.

Rodríguez fue por mucho tiempo la encargada de abrir la UNAP en las mañanas. Ella vive en la comunidad de Macao, por lo que se encuentra a poca distancia del centro de salud.

Narra que es la primera en llegar, ya que las puertas se abren de 8:00 a 8:30 la mañana. Por el momento, cuentan con un médico pasante que se queda en la UNAP y es quien brinda atención. Cuando se presentan emergencias, este profesional de la medicina es quien las recibe.

Cuando este centro no tiene un médico pasante, entonces cierra a las 4:00 de la tarde, y a partir de ahí no se reciben emergencias. Rodríguez asegura que las carencias de este lugar son muchas. Explica que los medicamentos nunca alcanzan para la cantidad de pacientes que reciben.

Según Rodríguez, esta UNAP necesita una nevera, porque la que tenían se dañó en la última inundación; el agua no es apta para el consumo, hacen falta consultorios, escritorios, jardinero, etcétera.

La doctora Rosy Cabrera, encargada del centro de salud, cuenta que diariamente atienden unos 30 a 40 pacientes. Mensualmente, reciben de 350 a 390 pacientes.

Cabrera dice que la mayoría de los casos que tratan son los pacientes crónicos, con enfermedades cardiacas, presión arterial y diabetes. Otros llegan con procesos virales como gripe, amigdalitis, enfermedades de la piel, como dermatitis y hongos, que se dan por la cercanía al vertedero de Guiri Gui.