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Al desarrollo de Verón-Punta Cana le sobran proyectos, pero permanecen engavetados

Escrito por Martín Sánchez msanchez@editorabavaro.com.

agen que se repite cada día con los inmigrantes haitianos.

Verón. Justamente cuando el reloj marca las 7:01 de la mañana, un tapón en dirección Oeste-Este entorpece el tránsito en la carretera Verón-Punta Cana. Es provocado por la cantidad de guaguas y camiones que se paran en la vía para recoger a cientos de nacionales haitianos, para llevarlos a sus lugares de trabajo.

Son tantos, que abarcan ambos lados de la vía en varios metros de largo. Ahí mismo, frente al destacamento de la Policía, otro grupo, como de unas 15 mujeres con sus niños, esperan hasta las 8:00  de la mañana. A esa hora abre sus puertas el Centro Pediátrico Oscar de la Renta, para darle consultas a los infantes afectados, en su mayoría, por enfermedades asociadas a insalubridad.

Al frente del pediátrico, un vertedero improvisado adorna una esquina. Pese a que hay un letrero que reza “prohibido tirar basura”, un motorista y luego un peatón depositaban fundas con residuos.

Esta condición de insalubridad provoca que muchos niños tengan que ser llevados a los centros de salud de esta comunidad turística. Ese escenario se repite todos los días, de lunes a viernes, y son reflejo del descontrol de las autoridades con el aumento extranjeros ilegales en la zona, y la falta de un plan de ordenamiento territorial.

En Friusa, Bávaro, el sector más arrabalizado del Distrito Turístico,  la situación es más peor y se triplica. Allí, la población extranjera doblega por mucho a la dominicana.

El informe preliminar de la Segunda Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI-2017), presentado hace unos días, determinó que en República Dominicana el número de nacidos en Haití se incrementó en 39,592 personas en cinco años.

Pasó de 458,233 en 2012, a 497,825 en 2017, para un aumento de 8.6%.  Y la inmigración venezolana se incrementó de 3,434 personas en 2012 a 25,872 en 2017, debido a la crisis de ese país. En total, según el informe, el país registra 570,933 inmigrantes.

PICA Y SE ENTIENDE

Frank Rainieri alerta sobre la necesidad de enfrentar estos problemas.Según el documento de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el 76.4% de los inmigrantes haitianos se concentra en tres actividades: 33.8% en el sector agropecuario, 26.3% en la construcción y 16.3% en el comercio.

La Altagracia, con 44.3% de inmigrantes, quedó como la provincia más atractiva para los extranjeros. Seguida por  Santo Domingo (42.7%) y el Distrito Nacional (37.5%), según el Censo de Población y Vivienda del 2010.

En el caso de Verón-Punta Cana, en el sector de la construcción es donde se concentra el mayor flujo de inmigrantes, provocado por el dinamismo económico del turismo, una actividad que le dio al Gobierno más de 7.2 millones el año pasado y  generó más de 330,000 empleos directos.

Y como avanza el flujo de turismo hacia el país (6.2 millones en 2017), también siguen las construcciones de nuevos complejos hoteleros y, por tanto, la inmigración a la zona. No más allá de los rutinarios operativos, las autoridades no tienen un plan para frenar la situación.

En consecuencia, todo parece indicar que aumentará también la arrabalización en los sectores urbanos, otro “jinete del Apocalipsis”. Este mal crece ante la mirada de las autoridades y sectores involucrados, quienes tienen muchas ideas, pero carecen de ejecuciones.

El crecimiento ilegal de sectores que desarrollan proyectos habitacionales en la zona le quita cientos de millones de pesos al Estado, por la evasión del pago de arbitrios.

Una vista aérea de los sectores Verón y Friusa, en Bávaro, basta para apreciar mejor la magnitud de esta problemática. Allí se levantan condominios y apartamentos de bajo costo, con rentas que oscilan entre RD$5,000 a RD$8,000 pesos.

Hasta ahora, los vocales y el director de la Junta Municipal, Ramón Antonio Ramírez, sólo han “clamado” por la solución del problema, pero no han concretizado nada. Uno de los principales daños es que no se deja espacio para el área verde y la recreación. Pero peor aún, se contamina el subsuelo por falta de un drenaje pluvial y un acueducto para los miles de residentes.

Varios metros de playas han sido erosionados en Bávaro.

DE LA ARRABALIZACIÓN A LA EROSIÓN

Si esto sucede en la marginalidad poblacional, en las playas se debate otro problema más grave: la erosión, provocada por el inminente cambio climático a nivel global, los frentes fríos, el exceso de carga, el auge de las infraestructuras y los fuertes oleajes de los huracanes.

En septiembre del año pasado, la naturaleza se tocó el pecho y les reiteró a los humanos que en esta tierra es ella quien manda: dos huracanes de categorías cinco encendieron el botón de pánico. Fue una advertencia de que no es prudente confiarse y de la vulnerabilidad que hay en la zona.

Aunque los fenómenos sólo rozaron la costa Este de la isla, provocó la evacuación de más de cinco mil turistas, botes hundidos, sistema eléctrico colapsado e infraestructuras hoteleras afectadas. Todo esto fue parte de los daños causados, que comparados con las otras islas del Caribe fueron de menor intensidad e impacto.

A simple vista, no pasó más de ahí, pero la erosión se agudizó más: Las playas de Uvero Alto, Macao, Arena Gorda, El Cortecito, Bávaro y Cabeza de Toro perdieron un promedio de 208 metros, según investigaciones de las universidades Autónoma de Santo Domingo (UASD) y de Puerto Rico, quienes, ya previamente habían alertado sobre la violación a los 60 metros reglamentarios en las playas por parte de los comerciantes.

La erosión se podía agravar con la aprobación de la conflictiva resolución 002-2017, emitida en octubre del 2017 por el Ministerio de Turismo (Mitur), que autoriza la construcción de torres de hasta 22 pisos en Cap Cana y Macao, y sobre lo cual persiste un debate entre el Gobierno y los hoteleros.

El estudio de los investigadores, presididos por la bióloga Gladys Rosado, indica que donde hay mayor zona de inmueble cerca de la playa, hay mayor erosión. El informe completo será presentado en julio de este año en Higüey.

HAY SOLUCIONES, PERO ENCARPETADAS

El Gobierno, que conoce de cerca el problema de la erosión de las playas en la esta zona turística, aún no ejecuta un proyecto aprobado en diciembre del 2016 por US$64,649,793, que busca poner resolver este daño ambiental. El plan busca intervenir 13 playas del país, incluyendo las de Cabeza de Toro, Macao y Arena Gorda-El Cortecito.

De igual manera, está en carpeta la construcción del acueducto que abastecerá a las 41,000 habitaciones hoteleras y a los más de 90 mil habitantes del distrito. Con esta obra, que según estimaciones sobrepasa los US$250 millones, se busca controlar la extracción de agua del subsuelo.

Con relación al combate de la arrabalización, la semana pasada, empresarios y autoridades locales se reunieron a trabajar el tema.

Frank Rainieri, presidente del GRUPO PUNTACANA, ha llevado la voz cantante contra el desorden urbano que tiene Verón-Punta Cana.

Debido a la arrabalización, los incendios son difíciles de controlar.

En días pasados, reiteró en Puerto Plata la importancia de tener un plan de reciclaje. “La agenda ambiental es un tema crucial sin el cual no tendremos futuro, y es tan importante que nuestras organizaciones no deben dejarla sólo en manos del Estado”, indicó el destacado empresario turístico, en una conferencia auspiciada por la Cámara Americana de Comercio de esa provincia.

Ramón Ramírez sostuvo que deben ejecutarse acciones conjuntas entre todos los actores de la provincia, dígase el Gobierno, el Ayuntamiento de Higüey y la Junta Municipal de Verón-Punta Cana. Expresó que cuando se reúnen cada uno hala para su lado, y así no se acuerda nada.