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Un jugador de números en bancas de lotería apuesta hasta RD$ 216 mil anuales

Escrito por Julio González jgonzalez@editorabavaro.com.

La mayoría de las personas que juega números de loterías son obreros, amas de casas, choferes y vendedores, quienes no ostentan un salario suficiente para cubrir este tipo de gastos

Verón. La adicción a los juegos de azar puede generar un descontrol tan significativo en las personas, que un aficionado a la lotería puede llegar a gastar hasta 216 mil pesos al año, lo que deja grandes ganancias a los propietarios que se dedican a estos negocios.

La mayoría de las personas que juegan números de loterías son obreros, amas de casas, choferes y vendedores, quienes no ostentan un salario suficiente para cubrir este tipo de gastos. Sin embargo, su adicción los conlleva a “buscar” e “invertir” dinero día a día, y a dedicar una gran cantidad de horas en combinar números y apostarlos.

Ya sea como una forma de entretenimiento o por la ilusión de ganarse el premio mayor, jugar a la lotería es hoy en día una práctica muy extendida en muchos países del mundo, sobre todo los latinoamericanos, gracias a las diversas modalidades de juego y el aumento en la popularidad en los que son de azar. Esto ha provocado un incremento sostenido en el número de personas que adoptan la costumbre de apostar ocasional o frecuentemente a la lotería.

El Distrito Municipal Verón-Punta Cana no escapa de ello, donde los consorcios de bancas sacan buena tajada con la impulsividad de los jugadores. En esta zona del país, además, un 65% de estos negocios operan de manera ilegal, según lo reconocen las propias autoridades provinciales del Ministerio de Hacienda.

Emilio Jiménez, psicólogo clínicoJosé Martínez (nombre ficticio), es un obrero de la construcción, quien a diario acude a una de las bancas ubicadas en la carretera Verón-Punta Cana, donde gasta aproximadamente unos 600 pesos todos los días, que al mes serían unos 18,000 pesos y al año unos 216,000 pesos.

Martínez dice que su sueldo mensual es de unos 12 mil pesos, que serían poco más de 500 pesos por día, que es el pago promedio a la clase obrera. José no “se saca” todos los días, pero si la suerte lo acompaña puede ganar hasta unos 30,000 pesos mensuales. Todas las tardes, aproximadamente unos minutos pasado el mediodía, acude a la banca a apostar sus números, y sentado a las afueras del local espera pacientemente hasta que den los primeros resultados.

Si gana, reclama su dinero, y si no, se retira decepcionado, pero con la esperanza de que ganará al siguiente día. “Eso me sirve para completar con los gastos diarios de comida, y una que otra cosa que se requiere en casa. También guardo para jugar en la semana y así sucesivamente”, expresó Martínez.

Otra de las personas jugadoras, es la señora María Hernández (nombre ficticio), quien vive en Villa Esperanza y gasta unos 400 pesos diarios en números. Trabaja como doméstica en uno de los residenciales de la zona y su sueldo no supera los 8 mil pesos mensuales, que diario serían unos 260 pesos.

Asegura que juega todos los días, porque su esposo le da dinero, lo cual lo ve como un ingreso extra. “Yo entiendo que pudiera ser un gasto innecesario, esto de jugar lotería. Pero también es bueno, porque siempre me gano mi dinerito, que sirve para completar las compras de alimentos y pagar servicios, entonces no es tan malo que digamos”, manifestó la señora Hernández.

Asimismo, dijo que no siempre corre con suerte de acertar los números, pero que por lo menos entre dos y tres veces a la semana gana 5 de los 10 números que apuesta, además juega para una banca en específico porque entiende es la que le genera mayor suerte y paga más.

IMPLICACIONES EN LA CONDUCTA

Para el psicólogo clínico Emilio Jiménez, las personas que a diario juegan números de lotería padecen de ludopatía, que a su juicio no es una enfermedad como tal, ni tampoco constituye un vicio o pecado, sino que son manifestaciones de impulsos que inducen al juego.

“Es algo que te estimula y que de buenas a primeras generas esa estimulación creando ese hábito, con sus pro y sus contras. Se manifiesta por lo general en personas con edades que oscilan entre los 20 y 40 años, con compulsiones a jugar y quienes tienen dificultad para controlar los impulsos”, explicó.

Jiménez refirió que cuando los jugadores ven que aciertan sus apuestas regularmente y obtienen dinero, sus impulsos aumentan y estos recurren permanentemente a los juegos de lotería.

La obsesión por este tipo de adicciones-según Jiménez-puede generar trastornos obsesivos compulsivos, porque mientras más se haga hay más probabilidades de caer en vicios. “El juego está hecho para ganar o perder. Es decir, una persona invierte poco dinero para ver qué tanto dinero puede ganar, y si no resulta con mucha suerte seguirá jugando, puesto que ve las esperanzas de obtener lo suficiente”, agregó.

El psicólogo detalló que los síntomas de la ludopatía se manifiestan con ansiedad, constantes pensamientos en números de lotería y tienen la oportunidad de superar estas situaciones, dependiendo del gramo del problema, a través de terapias cognitivas conductuales.

La modalidad del juego de la lotería consiste, por ejemplo si es para Quiniela Nacional, en escoger un número del 00 al 99. Posteriormente, durante el sorteo de la Lotería Nacional Dominicana se extraen tres números los cuales definen las diferentes categorías de premios.

Se gana cuando se acierta el número seleccionado con el primer premio del sorteo de Quiniela Nacional y se paga RD$60 pesos por cada peso apostado; cuando se acierta el número seleccionado con el segundo premio del sorteo de Quiniela Nacional y se paga RD$8 pesos por cada peso apostado y por ultimo cuando se acierta el número seleccionado con el tercer premio del sorteo de Quiniela Nacional y se paga RD$4 pesos por cada peso apostado.

LEGISLACIÓN

En Verón-Punta Cana, sólo un 35% de las bancas de lotería cuenta con los permisos emitidos por el Ministerio de Hacienda y la gran mayoría (un 65%) opera sin los registros correspondientes.

La Ley 139-11 que rige los juegos de azar, los casinos y otras denominaciones es explícita sus términos de regulación. En su artículo 9, esta legislación expresa el espíritu del Estado de poner orden al caos que comenzó a agudizarse desde principios de la primera década de este siglo. Nadie, incluyendo aquellos que por ser propietarios de bancas de apuestas son protagonistas del desorden y por tanto acepta su cuota de responsabilidad.

Jugadores compulsivos dejan grandes ganancias a las bancas de loterías

La legislación otorgó un plazo no mayor de un mes calendario a las bancas de apuestas deportivas y de lotería en operación, con permisos ya emitidos por el Ministerio de Deportes y Recreación y la Lotería Nacional, según corresponda, para registrarse sin costo ante la Dirección General de Impuestos Internos. Vencido este plazo, las bancas que no se hayan registrado se considerarán ilegales y no podrán operar. La disposición legal establece que las bancas de lotería debidamente autorizadas a abrir deberán pagar al Estado dominicano, vía la Dirección General de Impuestos Internos, RD$200,000 por concepto de registro o pago inicial de operaciones.

Advierte que el incumplimiento de esta obligación tributaria por parte de las bancas de loterías será sancionado conforme a las disposiciones establecidas en el Título I de la Ley 11-92 que establece el Código Tributario Dominicano.

En adición al impuesto específico previsto en la parte capital del artículo 2, la ley establece un gravamen de 1% sobre las ventas u operaciones brutas de las bancas de lotería, que sería recaudado mensualmente por Impuestos Internos. Sin embargo, no hay establecido un mecanismo de transparencia por la cantidad de bancas ilegales que operan, por lo que se hace una estimación.

La Ley de Lavado de Activos y Financiamiento al Terrorismo, promulgada por el Poder Ejecutivo, el año pasado, incluyó a las bancas de lotería y deportivas, casinos y a sus concesionarios para que den información relevante.

El texto legal aumenta los años de prisión a quienes realicen el lavado de activos, al establecer una pena mínima de 10 años y duplica la penalidad económica, además del decomiso de los bienes.