JBavaro Banner 728x90

“Cuando la Policía nos atrapa, tenemos que dar dinero para que nos suelten”

Escrito por Génesis Pache gpache@editorabavaro.com.

Decenas de trabajadoras sexuales se encuentran distribuidas en puntos específicos de esta zona en busca de posibles clientes

Bávaro. La prostitución en el distrito Verón-Punta Cana se ejerce a cualquier hora del día, trayendo consigo males que no sólo afectan a quienes la ejercen o consumen, sino la imagen de esta localidad, por sus características de destino turístico. 

Decenas de trabajadoras sexuales se encuentran distribuidas en puntos específicos de esta zona, en busca de posibles clientes. 

Algunos de los puntos que este medio pudo constatar fungen como lugares clave para el ejercicio de este oficio son el Cruce de Verón, el semáforo de Coco Loco, la avenida España, la avenida Alemania y la entrada del Hoyo de Friusa.  

Osvaldo Pérez Feliz, encargado del Cestur en este distrito.En cada uno de estos lugares, tanto de día como de noche, decenas de mujeres se colocan a pedir “bola o aventón”, pero en realidad están ofreciendo sus servicios sexuales. El trabajo sexual se ha convertido en esta zona en uno de los de mayor número de seguidores, empleados y atractiva remuneración. 

Una de estas trabajadoras sexuales que hace vida en este distrito es Francisca (nombre ficticio para este reportaje), accedió a contar su historia. Francisca realiza este tipo de trabajo porque según ella no hay otras fuentes de empleos, y “una no va a atracar y hacer las cosas mal hechas; una tiene hijos, tiene madre, y hay que pagar casa y mantener sus hijos”. 

Ella es madre de tres hijos que viven con su abuela, en una ciudad del Cibao. Francisca ejerce la prostitución desde que tiene 17 años; actualmente tiene 30.  

“Bueno, yo veo que esto es una cosa casimente mal hecha, porque (no es agradable) estar con una persona que no te agrade y no te gusta; una lo hace para resolverle a los hijos y a su madre, y pagar la casa. Esto es como cuando te vas a comer una comida y no te gusta, pero tienes que comértela porque tienes hambre”. Así es como Francisca describe su trabajo. 

Dijo que las menores de edad también trabajan en las calles, y que a partir de las 5:00 de la tarde se reúnen de seis a siete de estas chicas. También hay damas muy bien vestidas que no aparentan ser trabajadoras sexuales, pero que si ejercen la prostitución.

Francisca se detiene en varios puntos; no tiene un lugar fijo dónde trabajar. Tiene amigas de 16 y hasta de 13 años, que al igual que ella trabajan en las calles, porque son madres y necesitan el dinero para mantener a sus hijos.

“Aquí hay muchachas que da pena verlas, que tienen que trabajar porque aquí hay que buscarse la vida. Ellas tienen 13, 14 y hasta 12 años”, señala. 

Sin embargo, después de todo el ejercicio de la prostitución deja sus beneficios económicos. Francisca dice que cuando la faena de estas mujeres se extiende hasta tarde pueden conseguir hasta 5 mil pesos por noche. Sus tarifas varían entre los 2,000 y 1500 pesos por cliente. 

Los clientes pueden ser dominicanos como extranjeros, pero estos últimos son los que más demandan estos servicios.

Estas mujeres acostumbran a vivir en pensiones u hoteles de paso, donde deben pagar cada día su estadía. Esos lugares generalmente se encuentran ubicados en Verón y Friusa, y por lo regular pagan entre 200 y 500 pesos. 

CONFLICTOS

Estas mujeres dicen que han tenido inconvenientes con agentes del Cuerpo Especializado en Seguridad Turística (Cestur). Alegan haber sido detenidas y que los agentes de este organismo les han solicitado dinero para dejarlas ir. 

Entienden que aunque hay denuncias de que algunas trabajadoras sexuales han atracado a clientes, esto no significa que todas lo hacen. Dicen que las autoridades conocen cuáles son las que se dedican a realizar los atracos, pero que no las arrestan. 

“El otro día estábamos paradas, por la mañana, mujeres que de verdad necesitamos y que mantenemos nuestros muchachos, y ellos vinieron sin identificarse, pistolas en mano, y dijeron, ‘súbanse ahí”, indicó una de estas trabajadoras sexuales. 

Francisca narró que “cuando nosotras salimos para la calle, la Policía nos atrapa y tenemos que dar dinero para que nos puedan soltar”. Ella dice que en ocasiones les piden 800 pesos y hasta 1,000 pesos para liberarlas. 

Asegura que cuando no le dan el dinero que le requieren las dejan detenidas desde las 10:00 de la mañana hasta las 6:00 de la tarde. “Por una pagamos todas, porque hay algunas que los gringos las llevan a la casa de ellos y a los hoteles, y ellas les llevan los teléfonos y las ropas”, cuenta. 

Osvaldo Pérez Feliz, encargado del Cestur en este distrito, dice que las leyes dominicanas no prohíben la prostitución, pero que sí está contemplado el asedio, el irrumpir en lugares públicos y no permitir el libre tránsito. 

Pérez Feliz señala que si estas mujeres obstaculizan el libre transitan y acosan a los transeúntes, entonces las arrestan. Diariamente, Cestur hace este tipo de arrestos e incluso se dan en los alrededores de residenciales, dentro y cerca de hoteles. 

Según Pérez Feliz, cada día arrestan de ocho a diez mujeres vinculadas a este tipo de actividades, y dijo que generalmente son las mismas mujeres. Señaló que en la avenida España se daban muchos casos de asedio a los transeúntes y choferes, por lo que tuvieron que intervenir. 

Ante las declaraciones de algunas trabajadoras sexuales, de que se les solicita dinero para soltarlas, Pérez Feliz negó esta versión, diciendo que quien hace las cosas indebidas siempre va a decir algo para llamar la atención. 

CONDICIONES SANITARIAS 

Bautista Polo de la Rosa, coordinador provincial de Salud Ambiental de La Altagracia, señala que no tienen una estadística que les indique la cantidad de trabajadoras sexuales que hay en esta zona. “Es una población inconstante, que se mueve”, advierte. 

Según De la Rosa, no pueden determinar el número, porque estas mujeres cambian de zonas de trabajo constantemente, se mueven de lugares, provincias y hasta salen y entran al país. 

De la Rosa asegura que sí tienen un programa de vigilancia, pero sólo para las que están en un lugar específico, porque las demás son ambulantes. “Si en tal negocio hay 15 jóvenes trabajando, ese negocio debe tener una licencia sanitaria para operar, y para eso hay que hacer una inspección y ver que todo esté en regla”, señala. 

Según el funcionario de Salud Pública, a las mujeres que trabajan en estos negocios se les hacen analíticas que detectan su condición de salud, y si los resultados arrojan que tienen alguna enfermedad entonces se les ofrece el tratamiento correspondiente. 

“Gracias a Dios, la enfermedad que más existía antes era la blenorragia, conocida como gonorrea. Esta ha desaparecido prácticamente en el país. Tenemos poco HIV en los negocios que mantenemos la vigilancia, pues las muchachas que están ahí están sanas”, asegura De la Rosa. 

A las mujeres que están bajo los controles de esta entidad se les realizan las pruebas cada tres meses. Pero De la Rosa resalta que la gran problemática son las mujeres que no están trabajando en ningún lugar específico, y por ende no están bajo los controles sanitarios. Esta población está en las calles. 

Ante esta situación, De la Rosa dice que deben entrar en juego otras entidades, porque Salud Pública no puede actuar ante estos casos. Señala que en ocasiones llevan a estas chicas a hacerse las pruebas de rigor al hospital, pero no pueden retenerlas, porque no tiene facultad jurídica para hacerlo. 

Francisca manifiesta que ella no está afiliada al registro que lleva Salud Pública, pese a que le han aconsejado que lo haga, porque así le proporcionan una tarjeta que le impide ser molestada por las autoridades. Según ella, algunas de las compañeras suyas, cuando muestran su tarjeta de esta entidad, no son molestadas. 

Francisca se hace sus pruebas de enfermedades de trasmisión sexual de forma particular; acude a centros médicos y se las hace por cuenta propia. Asegura que a muchos de los clientes no les gusta usar protección. Dijo que conoce algunas mujeres que alguna vez trabajaron lo mismo y que hoy están enfermas y ya no pueden ejercer la prostitución.